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Las bodegas de la pulpería al colmadón

“Doña Perpetua, deme 25 pesos de longaniza, una sopita, cinco de verduras y diez de salsa y sazón líquido”, esa fue la primera frase que el equipo de LISTÍN DIARIO escuchó cuando entró al colmado “Casa Jiménez”, ubicado en el barrio Vietnam en Los Minas.

Ese tipo de expresiones, junto a otras como “apúntame eso ahí hasta que cobre”, son parte de la cotidianidad que se vive en los colmados, establecimientos que representan la columna vertebral del comercio detallista en República Dominicana y que siempre han sido auxilio de las familias que perciben menos ingresos.

Desde su origen como pulperías, los colmados se convirtieron en el día a día de las compras de las familias de casi todos los niveles económicos, convirtiéndose “el colmadero” en un personaje clave en la vida del sector donde permanece, conocedor de hasta los más delicados secretos de la comunidad y ente de equilibrio a la hora en que se acaban los ingresos familiares, siempre está dispuesto al “fiao”. Muchos de estos micronegocios han transformado su modelo de venta de productos, sin embargo conservan su esencia del expendio al detalle, ya que esto le facilita la vida a quienes tienen poco dinero, muestra de ello es el caso de la familia Jiménez, quienes tienen más de 40 años siendo colmaderos y aún venden al detalle.

Emilio Jiménez, propietario del colmado “Casa Jiménez”, explica que en su establecimiento se detalla de todo, ya que es la masa pobre que compra en esos negocios y no tienen para estar comprando por paquetes.

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