Salah, Firmino y Mané, tres devoradores de almas

El Liverpool vive con prisa. Juega el equipo de Klopp como si le persiguiera el viento, siempre al frente, sin miedo a la gloria. Desde la llegada del técnico alemán se aprovechan los reds del pavor que generan sus tres jugadores de ataque. Un tridente voraz, lleno de matices, de incalculable valor para cualquier amante del contragolpe. Firmino, Mané y Salah son al mismo tiempo ellos y los demás. Firmino puede ser Mané, Mané vestirse de Salah y Salah moverse como Firmino.

El intercambio de roles que realizan en cada partido los tres completaría, por sí mismo, un capítulo entero del manual para desactivar cualquier defensa. La Roma, con cinco futbolistas en su zaga, no supo nunca por donde le venía el peligro. A veces nacía en los repliegues de Firmino, otras en las apariciones de Mané, y casi siempre en la chistera de Salah.

El egipcio, abierto al costado derecho, regateó, asistió, marcó y demostró que no hay jugador más en forma que él en Europa. Quizás Firmino. Ambos, con dos goles y dos asistencias, se convirtieron en los dos únicos jugadores en la historia de la Champions con semejante bagaje en unas semifinales. Su partido marca un antes y un después en la concepción de una delantera superlativa.

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