Un maestro del Derecho Constitucional

Los que estudian y practican hoy el Derecho Constitucional en República Dominicana tienen una deuda eterna con el Dr. Juan Ml. Pellerano Gómez. Gran parte de los avances jurisprudenciales y legales de que hoy hace galas el cambiante Derecho dominicano al influjo de la indefectible constitucionalización del ordenamiento jurídico, se deben a los aportes de este insigne jurista dominicano, que algún día deberán ser pública y debidamente reconocidos en un país donde sólo se honra a los muertos o a los poderosos.

Podríamos afirmar que Pellerano Gómez es quizás el jurista dominicano más citado en los tribunales. Y no es para menos: el maestro inició a toda una generación de abogados en las nociones básicas del nuevo Derecho Constitucional. Fue él quien introdujo a nuestra dogmática y a nuestro vocabulario jurídico conceptos tan fundamentales como los del bloque de constitucionalidad, el rango constitucional de los tratados, la teoría de los derechos implícitos, la acción de amparo y el derecho fundamental a un debido proceso.

Estas ideas medulares del Derecho Constitucional hoy no están arrinconadas en tesis de grado o libros abandonados gracias a la ingente labor de creación, recuperación, análisis y difusión del maestro Pellerano Gómez. Y ello se debe a una razón fundamental. Como bien ha afirmado Salvador Jorge Blanco en su Introducción al Derecho, “en nuestro país los licenciados y doctores en Derecho somos más abogados que juristas pues vivimos el derecho en su dimensión técnica resolviendo casos concretos”. Pellerano Gómez debe gran parte de su extraordinaria influencia en la doctrina dominicana al hecho de que siempre se ha preocupado por configurar una teoría jurídica que sirva a la praxis y una praxis adecuada a la teoría. No por azar una de sus grandes obras doctrinarias es precisamente la insuperable “Guía del Abogado” publicada en la década de los ‘70, que ojalá algún día se reedite para dar cuenta de los cambios paradigmáticos de nuestro Derecho.

La jurisprudencia dominicana ha acogido las ideas avanzadas por este maestro en los últimos 20 años. La admisión en 1994  de que el control difuso coexistía con el concentrado, la acción de amparo en 1999, y la noción de bloque de constitucionalidad y derechos implícitos en el 2003, son parte de los hitos jurisprudenciales de la Suprema Corte de Justicia donde encontramos la marca indeleble de este gran jurista dominicano. Y esto por no citar los fallos de cortes de apelación y de tribunales de primera instancia de todo el país que beben de obras como “Constitución y Política” y “Derecho Procesal Penal”, así como de los 2 o 3 ensayos anuales que publica el maestro en la revista “Estudios Jurídicos” bajo su dirección.

La dogmática constitucional avanza siempre sobre los hombros de gigantes. Existe, si se quiere, lo que el gran iuspublicista alemán Peter Haberle ha denominado un “contrato cultural generacional” entre educadores y alumnos, entre maestros y discípulos. Con razón, Haberle confiesa estar montado sobre los hombros de Smend, Schmitt y Heller, tres grandes juristas de la época de Weimar. Podríamos afirmar que Pellerano Gómez es hijo de Manuel Amiama y nieto o biznieto de Eugenio María de Hostos, por lo que su pensamiento entronca directamente con el linaje constitucional liberal republicano de nuestra nación. Todos los juristas dominicanos, querámoslo o no, somos discípulos del Dr. Pellerano Gómez y él ha sabido, incluso, ser discípulo de sus discípulos, en una rica experiencia de retroalimentación con toda una camada de jóvenes y brillantes juristas.

Sé que la modestia radical del maestro rechazará con una sonrisa todo lo que decimos pero es tiempo ya de decirlo. Ahora que hablamos y tratamos de hacer reforma constitucional. Ahora que tratamos de avanzar en la consolidación de la independencia y eficiencia judicial. Ahora que queremos formar mejores profesionales del Derecho. Ahora que deseamos consolidar la democracia constitucional y el Estado de Derecho. Pellerano Gómez es un referente doctrinario fundamental, un innovador permanente que ha contribuido a que los dominicanos podamos expresar una conciencia constitucional común y a que podamos pertenecer a la civilización constitucional euroatlántica. Gracias maestro por todos sus aportes que han renovado nuestro Derecho y contribuido a hacer de la Constitución una realidad más viviente.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: