Especialistas alertan sobre factores estivales que favorecen los ataques
Las altas temperaturas del verano pueden convertirse en un enemigo silencioso para millones de personas que sufren migraña. Aunque el calor por sí solo no provoca esta enfermedad neurológica, los especialistas advierten que sí puede favorecer ataques más frecuentes, intensos y difíciles de controlar en quienes ya tienen predisposición a padecerla.
Así lo explicó Julio Pascual, presidente del Comité Científico y de Publicaciones de la Fundación Española de Cefaleas (FECEF) y miembro del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología (SEN), quien señaló que las olas de calor y los cambios de hábitos propios de las vacaciones crean un escenario propicio para la aparición de crisis.
“El calor excesivo y los cambios de hábitos de vida propios del verano constituyen una combinación de factores capaces de desencadenar ataques de migraña por diversos mecanismos”, afirmó Pascual en una información divulgativa difundida por la FECEF.
Entre los principales desencadenantes destaca la deshidratación, considerada uno de los factores más relacionados con las crisis migrañosas. A esto se añade la exposición prolongada a la luz intensa, que puede empeorar la fotofobia, una molestia habitual en quienes padecen esta condición.
Por otro lado, el verano suele alterar las rutinas diarias. Los viajes largos, los cambios de horario, las noches de sueño insuficiente, las comidas abundantes, el consumo excesivo de alcohol y la práctica de ejercicio físico durante las horas más calurosas pueden aumentar el riesgo de sufrir episodios de migraña.
Los expertos también explican que el calor favorece la dilatación de los vasos sanguíneos y de las arterias que recubren el cráneo, un mecanismo asociado al característico dolor pulsátil que experimentan muchos pacientes.
Además, la calidad del sueño suele deteriorarse durante las olas de calor. Según Pascual, dormir mal dificulta el funcionamiento del sistema glinfático, encargado de eliminar sustancias de desecho del cerebro durante la noche, lo que puede favorecer la aparición de dolores de cabeza.
Para reducir el impacto de la migraña en verano, los especialistas recomiendan mantenerse bien hidratado, evitar la exposición excesiva al sol, usar gafas de protección cuando sea necesario, limitar el consumo de alcohol y respetar horarios regulares de descanso. Mantener hábitos estables, incluso durante las vacaciones, puede marcar la diferencia para quienes conviven con esta enfermedad.
Fuente: Calor y migraña: por qué el verano puede agravar las crisis se publicó en diariodigital.com.do



